Comer en un restaurante? No sin mi móvil

Cada vez son más los restaurantes que prácticamente exigen a los usuarios disponer de un teléfono móvil, inteligente, por supuesto con cámara, y cómo no, con acceso a internet. Todo esto se ha visto agravado por la situación sanitaria y la reducción del contacto y manipulación de elementos como la clásica carta con el listado de platos.

Si nos remontamos a hace no tantos años, pongamos que hablamos de finales de los ochenta, nadie tenía un móvil incluso tampoco una tarjeta de crédito. Y si vamos unos años más atrás, ni siquiera había teléfono fijo en todos los hogares, teniendo que depender de las cabinas telefónicas (sí, en algún momento existieron y se usaban), el teléfono del bar de abajo o el de la oficina.

Antes una comunicación por carta podría tardar hasta 5 días en llegar a su destinatario y otros 3 días recibir la contestación.
Hace unos años enviabas un SMS o hacías una llamada de teléfono fijo y esperabas que fuese contestada el mismo día.
Ahora envías un Whatsapp y si no recibes respuesta a los 10 minutos nos preocupamos por si le ha pasado algo a esa persona

Nuestros abuelos jamás se pensaría que iban a necesitar llevar consigo un aparato llamado teléfono, conocer una cosa llamada internet y tener todo eso asociado a su dinero en el banco para poder hacer algo tan simple cómo salir a cenar con unos amigos: ver cuál es el menú que ofrecen, elegir sus platos y, por supuesto, abonar la cuenta que ya ni siquiera hay que pedir al camarero porque escaneando el código QR de tu mesa la tienes en tu móvil.

Ayer fui a cenar con unas amigas a un restaurante muy de moda ahora en Madrid y de forma inconsciente todas buscamos el código QR en algún lugar de la mesa porque sabíamos que no iban a traernos una carta física en papel. al finalizar la cena llamamos a la camarera para solicitarle la cuenta y nos informó, muy amablemente, que escaneando el mismo código podíamos ver nuestra cuenta y abonarla a través de esa misma plataforma introduciendo nuestros datos bancarios.

Volviendo a casa pensé en la agilidad que tenemos parte de la población en las compras digitales, pero también pensé en que mi abuela si quisiese ir a cenar con unas amigas, no podría elegir un restaurante de este estilo porque su móvil no es inteligente y ella solo sabe usar dinero en efectivo.

La tecnología es un avance, pero también debe ir ligada a la formación de los consumidores y a la capacidad que tienen estos de adaptarse.
Seguramente en el restaurante top Instagramer de Madrid esto no sea un problema, pero en la cafetería de barrio frecuentada principalmente por personas mayores no se podría imponer (sin una transición previa) un sistema similar.

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